11/9/07

La Trola



Después de varias semanas de zanganear por Santiago sin vehículo –decisión propia y revocable- he vuelto a conducir mi siempre malmirado automóvil. No es que no lo quiera, tampoco me da vergüenza andar en él, mi problema es su irregular rendimiento. La Trola te puede dejar botado en cualquier momento, tiene una autonomía envidiable, no respeta a nadie, ni a su dueño. Mal que mal, ya va a cumplir 27 años de carrete, no es poco si miran el mercado automotriz de nuestra capital. Modelos como el mío no se ven mucho por las calles.
Actualmente la Trola cruzó la frontera de “mierda inservible” a “automóvil de culto” (para algunos). Nunca falta el compadre que se acerca a preguntarme por el estado del motor o para dar una vuelta a la manzana, cualquier tontera que se le ocurra al ocioso de turno. Lamentablemente el vehículo con las minas no tiene mucho flow, lo encuentran muy ruidoso, poco estable -o de cajón- una reliquia/carcacha horrorosa. Hay mujeres muy crueles. No le encuentran la mística por ningún lado, por más que le venda la pomada por horas, nunca enganchan con la volada del artista en citroneta. ¡Maracas insensibles! Al final esas minas lo único que quieren es que las pase a buscar un auto del año. Mansa wea. Eso me pasa por salir con comadres “buenas pal perreo”: tienen mucho Daddy Yankee, mucho Rolex, mucha 4X4, mucha partuza, mucha mierda en su cabeza. Al final tienen perdido el eje de ruta y otras cosas también. Llegas a su casa en un clásico de los 70 y te cortan al segundo, por flaite de mierda. No te dan margen de error, arribista mal nacidas, sólo las perdono por lo ricas que son. Como dice mi amigo venezolano Arlon Pérez “Pana, billetera mata galán y tú con esta mierda brother, sólo puedes mirar un buen culo, nada más”. Tiene mucha verdad el razonamiento de Arlon.

Este venezolano llegó a Chile hace 3 años, escapando de la revolución bolivariana del bolivarisimo Hugo Chávez. No entiendo mucho los motivos de su residencia en Santiago, ya que cada vez que intento preguntarle a Arlon por el asunto, éste comienza:

-Por ese coñomadre de Hugo Chávez. Ese sambo mal parido, hijo de puta…

Nunca ha terminado de explicarme bien las razones. A pesar de su rabia por el bolivarisimo de Chávez, Arlon Pérez es una persona muy alegre y –aquí viene lo mejor- tiene unas hermanas que están muy buenas. No sé qué comerán en su casa, pero tienen una cola digna de concurso Reef. ¡¡¡Qué culo que se gastan estas minas!!! Yo pagaría por sacarle brillo a eso cachetes por algunos segundos, son de otro planeta. Lamentablemente ese ganado ya tiene dueño, pololean con los hermanos Peraldi. Putos de cuarta.

Raúl y Federico, homosexuales no asumidos, siempre se han codeado con las mejores minas de La Institución (mi ex colegio). Exclusivamente por poseer unas tarjetas Visa sin tope y además de tener, cada uno, un Audi TT del año. Son esas personas que siempre han jugado en la Primera División capitalina y posiblemente siempre jugarán ahí. Así es nuestro país, como dice Arlon “billetera mata galán”.
Mala cueva nomás. Tendré que conformarme con jugar, como hace algunos años, con las minas de la medianía de la tabla del campeonato de la Primera (B). Ahí juego, con mucha presión, pero juego. No sé, de repente puedo mostrar chispas de mi talento con mi bien más preciado, el toyo. Después de años de amistad con el Guatón Moncada, quien posee un doctorado en la materia, algo he aprendido.
Siempre utilizo la mentira del artista que no quiere un auto mejor porque estoy en contra de este mundo neoliberal que nos está consumiendo; o que soy el Che Guevara del siglo XXI, que va a recorrer Latinoamérica en una citroneta de 27 años de vida o simplemente que miro la vida desde otra perspectiva y que me conformo con las cosas simple de la vida, como es salir en mi Trola por Santiago. No sé, tiro cualquiera. Si al final, están tan borrachas que diga lo que diga mucho no les importa. Ellas solo quieren perrear y que le pague las ron-colas. Como dice el profeta Arlon “billetera mata galán”.
Uff, en media hora más comienza la tortura de jugar por F.C. Extremo Sur. Mejor me voy, ya que la Trola se demora en prender, pero cuando prende no hay quien la pare. Musho, auto panero, ojalá que no me deje botado.



6/9/07

Pichanga de F.C. Extremo Sur



El sol está pegando fuerte en mi cabeza. Se nota que estamos en septiembre, el mes de la patria, en donde las empanadas y la chicha son las vedettes de las fondas dieciocheras. ¡¡¡Uy!!! Si yo contara tan sólo un 10% de las historias que sé del Guatón Moncada en estas celebraciones patrias, hasta el mismísimo Marqués de Sade se espantaría con tanta guarrería que tengo registrada en mi mente de ese Gordo atacando a alguna de sus víctimas de turno. En el fondo el Guatón Moncada es una fusión entre una gran ave de rapiña y un gladiador romano -es decir- todo un gurkha de exportación.
En este momento estoy jugando una pichanga en las canchas de futbolito de San Carlos de Apoquindo. El partido es verdaderamente una lata (sobre todo para nosotros), principalmente por la estrategia de mi equipo: la cual es nula. Además la rapidez de juego no se conoce y para qué hablar de la garra de los jugadores. Menos mal que no hay público en este bochornoso espectáculo, sólo está el padre de Martín “el regalón de la parilla” González, un mórbido de aquellos (esos que son difícil de olvidar). El tío Martín -padre de Martín “el rey de la tortilla de papa” González y D.T. de F.C. Extremo Sur- siempre fue un fanático del fútbol, es de esos hinchas que nunca deja de ir a ver a la Universidad Católica al estadio. Probó al pequeño Martín durante 7 años consecutivos en las inferiores del club de sus amores, siempre lo mandaron para la casa al primer día de práctica, un verdadero fracaso. Lo que pasa es que Martín estaba para otras cosas, lo suyo era el churrasco italiano, el bife de chorizo, el cabrito magallánico, el lomito de la Fuente Alemana, el pernil del Bavaria, no sé cualquier comida Martín se la devora. Él nunca se interesó por el balón. ¡Pobre tío Martín! Se tendrá que conformar con ver al pequeño González en estas tristes pichangas de ex-alumnos del colegio, en donde su hijo es el arquero de nuestro equipo. Con sólo ponerse debajo de los tres palos, el gordo tapa el 75% de la portería. Cuando me refiero que tapa tres cuartos de la valla, no estoy hablando de un puerco ordinario que se encuentra en cualquier aula universitaria, sino que me estoy refiriendo a un tremendo porcino -de primera categoría- de esos que son alimentados cuidadosamente desde chicos con lo más selectos alimentos.
De repente, de un puntapié del Guatón Moncada, llega la esférica a mis botines. Trato de realizar una bicicleta con la máxima velocidad posible, pero todo mi esfuerzo fue en vano, ya que el defensa era el actual poseedor de la pelota. En eso, el Guatón Moncada me grita.


-Ya po huevón, haz algo po Narigón.
-Mira Morsa, es primera pelota que me llega en todo el partido. Como volante creativo eres cero aporte. Dedícate a comer Guatón, que para eso tienes talento.
-Oye Hut, mejor agradece que ayer te recogí del centro. Estabas llorando como una mariquita. Haz un gol ¡¡¡Narigón maraco!!!

Después de este dialogo, decidí no responderle al Guatón. Es primera pelota que le sale bien desde que comenzó la liga (hace tres meses atrás y jugamos todas las semanas).
Yo supuestamente soy el delantero, pero al final termino de cualquier cosa. Nuestro equipo -F.C. Extemo Sur- el principal problema que tiene es que nunca se ha topado con el término “disciplina”. Somos una mierda, últimos de la liga. Ahora vamos perdiendo por ocho goles de diferencia y eso que el equipo contrario juega con seis jugadores borrachos (lo sé, porque yo tomé con ellos ayer y ando más o menos chicha).
En relación a lo que me enrostró el Guatón Moncada en la cancha, sólo puedo decir que es verdad. Si no hubiese sido por él, jamás hubiese salido vivo del centro. Lo que pasa es que el Rechoncho Moncada siempre se pega una escapada al centro para comer alguna cosita -como ya les dije- es bravo para el completo del Dominó (sobre todo el de la calle Huérfanos) o para la empanada de El Rápido. No perdona, le gusta gastar plata bajoneando. En fin, Moncada es como Martín “tetas hasta las rodillas” González, pero con la diferencia que este huevón es bueno para comer por la hierba. Supuestamente él controla el bajón, pero todo el mundo sabe lo mentiroso que puede llegar a ser este Guatón culiado.
Sin embargo esa hambre indomable de Moncada fue la que me salvó ayer, cuando me encontraba perdido en el centro capitalino, ya que no tenía ni un peso para devolverme a mi hogar. Sólo atiné a llamar al Bola de Grasa Moncada, ya que de seguro andaba por nuestro “downtown” comiendo algún bocadito. Dicho y hecho, el chancho culiado estaba en el Naturista, ingiriendo un emparedado light. Gordo mula. En fin, Guatón Moncada me salvó el día, ya que me tiró en auto para la casa y en el camino me dio a probar un fruto de su nueva cosecha -supuestamente una White Widow de primera generación- que estaba bastante rica. Para que les voy a contar todo lo que se burló de mí por lo del café y el aspecto de mi boca.

-Hut eres un saco wea. No tengo nada más que decir. Eres un saco wea –me decía el Chancho cagado de la risa-. ¡Qué huevón más saco wea! –y volvía a reírse.
-No te rías tanto y maneja huevón.
-Es que eres muy saco wea. Aparte con esa boca que tienes, te ves igual a un negro bembón.
-¿Qué es un negro bembón?
-Da lo mismo negro “saco wea” bembón –y se vuelve a cagar de la risa el Gordo Moncada. Todo un personaje la Morsa.
Escucho un pitido, el partido se acaba de terminar, para variar perdimos. Martín “regalón de la paella” González se comió 15 goles y su viejo –como es habitual- nos invita unas cervezas para tratar olvidar la humillación vivida. El tío es un gran valor, no cabe duda de eso. Lamentablemente F.C. Extremo Sur nunca será un equipo victorioso y al parecer el tío ya lo tiene más que asumido.

3/9/07

¿Un Café? (Segunda Parte)



Al fin pude perderlos. Luego varias cuadras y muchos serpenteos por el centro santiaguino, los enardecidos feligreses se cansaron de seguirme y odiarme. Tenían que volver a Ahumada a escuchar las enseñanzas de su Mesías, quien con Biblia en mano le dará una lección sobre cómo se debe vivir una vida santa, pulcra, sin odio, ni rencor en su interior. Estos legionarios no pueden estar mucho tiempo lejos de su líder, ya que se atormentan si no reciben charlatanerías cada media hora. Bueno hay que entenderlos, no es muy normal tener a un compadre hablándote del “correcto camino del Señor” a cada rato -durante años- sin que te internen en una clínica o te vuelvas un poco fanático de las lecciones de este iluminado. Algo de merito debe tener ese pastor en su prédica, o muy perdido debe estar el público que lo sigue. Para mí, el vocero de Cristo de Ahumada tenía talento, no sé, esos ojos de psicópata, esas manos tiritonas, esos dientes con sarro o el haberme increpado por mis calentonas ideas me sorprendió. No sé bien qué era, pero algo tenía ese pastor. En fin, ojalá que no vuelva a repetirse. Eso de enfrentar en la vía pública a un Mesías es muy injusto, principalmente porque él es capaz de leer los más bajos pensamientos de mi torcida mente, mientras uno con suerte puede leer Mafalda (de repente algunos chistes tengo que leerlos dos veces para entenderlos). El Elegido tiene todas la de ganar, no cabe duda, Dios está de su lado.
Después de dejar atrás ese negro episodio volví a lo mío. Las minas del café me esperan y yo no puedo ser descortés con ellas. Mientras deambulaba por la calle Merced, logré divisar unas luces rojas muy ordinarias (cumplían con todo el style de un café). Al darme cuenta que sí era uno de esos lugares requeridos por mi persona, mis pies comenzaron a moverse cada vez más rápido. Ellos se dejaban llevar por lo atractivo de las luces, la fachada y su mística. A medida que me acercaba al recinto mi rostro esbozaba una pequeña sonrisa de satisfacción, mi pecho comenzó a levantarse de orgullo por la misión cumplida. Resumiendo, todo mi cuerpo sabía que la meta estaba cerca, que el café había sido encontrado y que ya nadie podía interferir en mi destino.
Al llegar a su fachada, leo las letras rojas del lugar. “La Estokarnia” era el nombre del antro (haciendo remembranzas a una supuesta estocada asesina en un campo de batalla esloveno durante alguna batalla épica). Definitivamente el nombre era una obra de arte, no me cabía duda alguna. En ese momento se me acerca un guatón chico con una cara de carreteado imposible de superar:

-Tres lucas la entrada compadrito –me dice empujandome disimuladamente con su brazo al interior de recinto.

Mientras trato inútilmente de resistirme, le respondo.
-¿Y adentro tengo derecho a algún café o algo?
-Sí socio, tranquilo. Págueme nomás.

En ese minuto no me quedó otra que cancelarle al gordo -con el único capital que poseía- y entrar por una puerta que mágicamente se abría desde su interior. El reggaeton se comenzaba a escuchar y mucho no podía ver, ya que el ambiente era oscuro, muy tenebroso a pesar de que recién eran las tres de la tarde. Era increíble lo que uno puede encontrar en el centro de nuestra capital a las tres de la tarde, era algo sorprendente, muy surrealista. Simplemente maravilloso.
Mientras descendía por las escaleras del antro, dos mujeres en osados trikini me estaban esperando en el final de mi bajada. Al llegar me tomaron una por cada brazo y me acorralaron contra la pared más cercana que había. Entonces comienza el ave maría de la primera, una morena pechugona con una pinta de que dio vuelta el tablero del kilometraje hace ya varios años.

-Ya papito ¡¡¡mírame!!! Algo mejor que esto no encontraras. Mira mis curvas, ¿estoy divina no?
-¿Dónde está mi consumo? Quiero un cortado –dije mientras trataba de ver el ganado, lo que me era imposible con tanta pechuga en mi cara.
-¡¡¡Ahhh!!! Marta tenemos a un niñito precoz por acá. Se quiere ir al tiro cortao el huevón –en ese momento las dos perras se cagan de la risa en mi cara-. Ya a los clientes no los hacen como antes, ahora al tiro a lo bueno los calentones.

Entonces la otra (una rucia teñida con una ponchera digna del mejor cervecero del bar Budapest) comenzó a correrme mano, mientras seguía riéndose en mi cara. Como dándome a entender que era un novato calentón que no sabía nada del rubro.

-Ya Marta deja este pelao a mamá. Ándate a webiar a otro lado. Tu sabí que los pendejos con cara de manfinfleros son mi especialidad.
-Bueno Rosita, muéstrale las bondades de las chilenas –agarrándose las alicaídas pechugas que poseía. Que más que melones, parecían pimentones deshidratados. Un espectáculo triste, realmente lamentable. Nadie se excita con eso, se los aseguro. Bueno siempre hay algún enfermo mental, pero deben ser números marginales de la población.

En ese momento Marta (o Marteta) va a buscar mi consumo, que era una bebida gaseosa en un micro vaso, parecido a un recipiente para echar la mostaza o mayonesa en el Burger King. Algo parecido a esto:




A la vuelta se me acerca y me dice:

-Ya papi. Mira son cinco lucas el baile, siete el sexo oral, y diez el servicio completo. ¿Qué quieres?
-Un cortado. No esta bebida sin gas. ¿No es un café con piernas esto? ¿Dónde mierda está el café y las minas ricas? –la increpo con cara malestar.
-Ya po, no te pongas así, se hace lo que se puede nomás, aquí no hay café, solo consumiciones, como la que tienes en la mano.
-Vaya mierda de consumición. Voy a reclamar al SERNAC por este servicio fraudulento. Es una cagada.

Ahí todo cambió repentinamente. Haber nombrado al SERNAC no fue una buena idea, ya que la veterana de Marteta me agarró fuerte de brazo y gritó: “Pablo, tenemos a un sapo acá, encárgate de él”. En ese momento fue cuando llegó un monstruo barbón forrado en grasa y de un solo tirón me arrastró por las escaleras. Por mi parte no puse ninguna resistencia, sabía de antemano que cualquier intento de defensa sería inútil, la fuerza desmedida de Pablo eliminó el mínimo interés que tenía de protegerme. Estaba cagado, lo único que atiné fue rezarle al Mesías de Ahumada para que Pablito no me pegara mucho. Con un solo combo en el rostro de parte de ese mamut me dejaría inconciente.
Al llegar a la puerta Pablo me toma por la polera y me grita con un tufo de muerte en mi cara:

-¡¡¡Mira pendejo culiao no vengas nunca más por acá!!! En este lugar recibimos a clientes con educación, no sapos hediondos como tú. Ahora te vas a llevar un lindo recuerdo de este lugar, para que no se olviden los modales con las mujeres trabajadoras de Shile –en ese momento echa su empuñado brazo derecho hacia atrás y en una décima de segundo lo deja caer cual martillo sobre mi rostro- ¡¡¡Toma Maricón!!!
- ¡¡¡AAAAHHHHHHH!!! –grité cual marica- por favor no me pegues más, te lo pido. Soy un cagón, lo sé. No me pegues, plisss –le suplicaba con lagrimas en mis ojos.
Fue una escena bien patética –tengo que admitirlo- pero el combo en el hocico me dolió mucho. Fue una derecha fulminante, digna para subirla a You Tube con el nombre de “combo de mamut a maricón llorón en la calle Meced”. El derechazo de Pablito fue tan fuerte que me desplazó un metro de mi lugar de origen, y en vez de esperar el remache con la izquierda de ese chancho, me puse a correr con todas mis fuerzas No había otra alternativa. Huir del lugar fue lo mejor, eran las 3:30 de la tarde, la gente de los alrededores me miraban con una cara de asombro. Yo con la boca llena de sangre no atinaba ni a limpiármela, sólo a correr mientras dejaba una estela roja a mi paso. Parece que ese era mi destino, correr por Santiago. Igual que Forrest Gum por Alabama. Igual de patético, igual de freak y anormal, pero en mi caso yo escapaba por mi integridad física, no de aburrido como era el caso de Forrest. Lamentable espectáculo –lo sé- pero nada más podía hacer. Correr era el mandato supremo, la predicción del Mesías de Ahumada se cumplió, ya que estaba sin plata corriendo por el centro escapándome de un matón de cabaret, tal como había dicho el vidente hace una hora atrás de que “mis intenciones no tendrían un buen final”. Pero con el agravante de tener la boca rota y en proceso de convertirme en el Sr. Hocico de Riñón del Centro. Muy penoso, nada más que decir. Iba en busca de minas cariñosas con las medias gomas y salí con un coscacho en la boca, patético. Muy triste.

26/8/07

¿Un Café?


“La suerte está echada” .
Repetida frase de soldados romanos después de ser golpeados por Asterix y Obelix.



Ayer tuve que acompañar a mi madre -mejor conocida como mamá, gordi, vieja o por su nombre- al centro a realizar un trámite notarial, de esos largos y demorosos. Era martes y por suerte el cielo estaba despejado. O sea, no es que hiciera calor, pero tampoco estaba para quedarse en la cama todo el día. Bueno, para qué describir como fue la experiencia en la notaría. Se podría resumir en la siguiente suma:

(ESPERAR+PAGAR+ESPERAR+ESPERAR+PAPELIAR+ESPERAR+RECIBIR+ESPERAR+HUIR) + (MAL GENIO+ MAL AMBIENTE+ STRESS) = GANAS DE GOLPEAR A ALGUIEN, DE PREFERENCIA AL DUEÑO DE LA NOTARÍA.

Pero esta experiencia no fue lo novedoso, sino todo lo contrario. Después de que mi madre -mejor conocida como la que trae el dinero, la chascona, vieja o por su nombre- me dejara botado con tres lucas en Agustinas con Ahumada para irme a la casa, pensé: ¿Por qué no ir a unos de esos café con piernas? Era una idea realmente inteligente, ya que nunca antes había ido. Me dio vergüenza invitar a algunos de mis amigos como al Guatón Moncada o al Papagayo para que me acompañaran en tal aventura. No por miedo a una típica respuesta de ellos cuando están parqueados (tales como: “que estay caliente Hut”, “espérate a que se enteren todos”, “estay cagao weón”, “tu vieja se va enterar de todo”, “erí patético”, “caliente culiao”, “teterita de campo compadre”, “ni cagando te presento a mi prima”, “erí muy pelusón”, “por ultimo junta plata y págate un puta rica”, etc). Sino porque estos compadres están realmente muy acumulados y me da pavor que se acriminen con alguna mina del lugar. Yo sólo quiero vivir la experiencia, no terminar en la Penitenciaria por cómplice de una violación con estrangulación.
Como era nuevo en el rubro de los cafeteros, comencé a moverme tratando de buscar uno que cumpliera con mis expectativas monetarias. Con tres lucas no era mucho lo que podía hacer, pero no creo que un café con piernas me cueste más de lo que poseo en efectivo.
Caminé por Ahumada buscando mi destino hasta que un predicador evangélico, quien con Biblia en mano me increpó.

-¿Tú pecador hacia dónde te diriges con la mirada perdida?
-No te interesa gil, déjame solo –le respondo con una expresión de molestia en mi rostro.
-Eres un instrumento del Demonio. Desde aquí puedo apreciar tu negra aura. Tus intenciones no tienen un buen final, ya que el diablo está detrás de todas tus acciones. Anda a tu casa y ruega porque el Señor salve tu alma malograda por Lucifer.

En ese minuto me sentí realmente intimidado por ese freak religioso. Traté de apurar mi caminar, pero el secretario general de Díos seguía gritándome con su gran voz los 1.000 sinónimos de Satanás que se sabía. Todo el mundo me miraba, no sabía que hacer. Me encontré realmente sorprendido por la hostilidad del predicador, sólo atinaba a dar cada vez pasos más rápidos. Pero antes de alejarme del verdadero poseído del centro, me di media vuelta -tuve que encararlo- y le grité: “Oye huevón, voy a un café con piernas a ver minas con las medias tetas en traje de baño. Si me rajo, tal vez me muestran una goma. ¿Algún problema? ¿Es pecado? ¿Te molesta? Para de webiar a la gente, erí una lata. Anda donde un profesional para que te analice, ANORMAL”.
Lamentablemente esa última encarada al nuevo Mesías de Ahumada desató la furia de los feligreses que lo escuchaban, quienes -en un acto reflejo y armonizado- comenzaron a lanzarme botellas plásticas y a perseguirme. Al ver tal panorama, no me quedó otra que salir corriendo del lugar, cual lanza del centro. La maratón fue grande. Corrí, corrí y corrí. Equivando viejas, guatones, amigos de lo ajenos, lustrabotas y pendejos cimarreros. Nunca había corrido tan fuerte por el centro. Los religiosos tenían su estado físico, en verdad creían que era el anticristo con cara de manfinflero que escapaba de las manos de la justicia divina y absoluta. Mientras corría, pensaba en la mala suerte que tenía, en lo irreal de la situación, pero no podía desviarme de mi objetivo (a pesar de las particulares circunstancias en que me encontraba). Mi finalidad era una sola y la tenía clara: tener a una mina perreando enfrente de mí, mientras yo sostengo un cortado en la mano. Ese era el objetivo asignado por mi YO SUPERIOR. Así lo quería el destino y nadie ni nada lo iba a torcer. Ni todas las legiones discípulos del nuevo Mesías del centro…

Continuará…

20/8/07

Renuncio al Volante


No es que sea un mal conductor, pero he decidido no manejar más en Santiago. Es que las calles de nuestra capital se han convertido en un peligro sin precedente. Mucha violencia, mucho pendejo con cara de huevón al volante y mucho empresario que piensa que porque posee un auto superior a la media, puede pasarse por la raja al resto del mundo. O sea, resumiendo, un pelotudo con un auto cagón como el mio, en verdad está cagado en esta cuidad. No tiene cabida en la vía. No hay más vuelta que darle.

No es que me haga la víctima, ni tampoco me siento un relegado de la ruta porque el 99,6679% de los otros conductores tienen mejor auto que el mio. Lo reconozco, yo también he puteado a la vieja que va dejando la cagada a su paso, tampoco he respetado el paso de cebra cuando veo a una anciana indefensa tratando de cruzar la calle y menos me he preocupado por los usuarios de Transantiago amontonados en los paraderos cuando llueve y los mojo con la rueda de mi automóvil de cuarta. Lo admito, una y mil veces, pero lamentablemente yo también nací en esta ciudad y tengo mis vicios como todos ustedes.

Pero más allá de mis pequeños errores, la realidad en la calle ha sobrepasado todos los límites de mi paciencia. No sé si será porque cada día hay más mujeres con autos nuevos a una edad muy temprana (onda 27 años) o si es porque ya nadie quiere utilizar el transporte público y sale con cualquier mierda a la calle (como era mi caso). Pueden ser muchas los factores responsables, pero una cosa está clara: entre las 6:00pm y las 8:30pm, nuestra gran capital se transforma en un monstruo de dos cabezas, panzudo y con siete tetas. Aun cuando en la calle se vean especimenes parecidos al descrito anteriormente, no necesariamente unos quiere encontrarse con alguien así todo los días.
Conducir en Santiago se está transformando en una mala película de terror, vista en un cine con pésimo audio y sentado al lado de un pendejo con olor a culo. ¿No les ha pasado? Bueno vayan ha ver una película a la hora que van todos los pendejos hediondos a caca de Santiago, suerte en la misión.
Volviendo a mi renuncia a manejar, también tengo que aclarar que no volveré a utilizar el transporte público, ya que está cada día peor.
Antes de ese trágico 10 de febrero (día negro para la humanidad chilensis) las micros amarillas eran lo peor, era una mierda de servicio, pero era una mierda que funcionaba "en la medida de lo posible". Nos prometieron que olvidaríamos a esas guatonas que te envuelven en sus rollos de grasa en pleno centro, que no tendriamos de compañeros de viajes a esos pendejos lanzas que te dejan empelota antes de que parta el bus y que nunca más cohabitaríamos con esos viejos hediondos parados al lado tuyo, que creen que mojándose el pelo se le quita el olor a sobaco de nueve días sin ducharse. ¡¡¡Mentira señores!!!
Ahora la realidad es la misma, los mismos personajes de siempre, pero con el agravante que el nuevo sistema de transporte no sirve ni para limpiarse el poto después de una gran cagada (esas que todo mundo alguna vez tuvo o tendrá). Menos mal que iba a mejorar el transporte público. Gracias señores del Gobierno, pero con esto de “tengan paciencia” y no sé cuantas otras sandeces más, solo les puedo decir: Váyanse a la chucha con su Transantiago y sus weas raras. No hagan más cagadas, por favor. Y a la derecha les digo: Nerds culiaos, papalotes con cara de tula (esa ofensa es gratis, pero tenía ganas de decirla).
Bueno, después de mi descarga política, sólo puedo decir que la bicicleta es la mejor opción para recorrer esta ciudad. Si señor, ¡¡¡la bicicleta!!! Y para que nada atormente mi viaje, antes de salir me fumaré un buen troncho para paliar la mala onda de los conductores y el smog de la capital. He dicho. Hasta luego.